Las investigaciones sobre el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) en estos últimos años han centrado su atención en los aspectos comportamentales de ese trastorno.  En concreto se ha estudiado el bajo control de impulsos, la falta de regulación emocional,  las conductas autoagresivas y heteroagresivas y las relaciones interpersonales inestables características de este trastorno. Dejando de lado la parte de las anomalías neuropsicológicas, que parecen tener un papel importante para establecer el diagnóstico, la evaluación y el tratamiento.

Aunque los resultados de los estudios han sido variables, sugieren que los pacientes con TLP presentan déficits cognitivos, lo cual se ve reflejado en una disfunción prefrontal y témporo límbica.

La región prefrontal participa en el control de impulsos, el procesamiento emocional, funciones ejecutivas y  la cognición social. Además una de las funciones de la corteza prefrontal es la capacidad de control sobre los demás procesos neuronales que llevan a cabo  dentro y fuera de la corteza prefrontal. Este control inhibitorio ejercido por la corteza permite retrasar las tendencias a generar respuestas impulsivas, originadas en otras estructuras cerebrales, siendo esta función reguladora primordial para la conducta y la atención.

La zona témporo límbica se refiere a ciertas estructuras como la amígdala, el hipocampo, el giro dentado y el giro hipocampal, que se encargan del proceso de aprendizaje, la memoria y la regulación de las emociones. Con esta información podemos concluir que el descontrol conductual, la elevada impulsividad, la desregulación afectiva y el déficit en el procesamiento emocional y la cognición social se deben a la afectación de estas regiones.

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Las dificultades en la memoria aparecen en el recuerdo libre diferido, ya que hay alteraciones en los procesos de recuperación de la información. Esto explica que los pacientes tengan una inadecuada organización del material verbal y que además dispongan de pocas estrategias de almacenamiento. Es decir, necesitan más tiempo y más número de ensayos para poder aprender el material verbal. Además la transferencia de información de memoria a corto plazo a memoria a largo plazo requiere de una organización y el uso de reglas mnemotécnicas  que estos pacientes no tienen, esto puede deberse a un daño en los circuitos prefrontales a nivel subcortical, en concreto puede deberse a disminuciones del volumen del hipocampo y áreas fronto-límbicas. Por tanto, podemos concluir que tanto la recuperación de la información como la memoria a largo plazo están afectadas.

La cognición social y la interacción social se ven afectadas por las funciones ejecutivas, debido al poco control de impulsos, pero se ha demostrado que esto depende mucho del contexto en el que se desenvuelven los pacientes. Esta disfunción ejecutiva es la que causa también dificultades en el procesamiento de la información, la inhibición de las respuestas impulsivas y en la planificación, que conducen a síntomas característicos del TLP como la alteración de identidad, impulsividad, autolesión, inestabilidad emocional, síntomas disociativos, rigidez y la dificultad en la atención selectiva. Muchos estudios indican que los déficits primarios que sufren estos pacientes como la función ejecutiva (toma de decisiones, planificación o inhibición) se deben a la disfunción prefrontal. Estos síntomas cognitivos están relacionados con características conductuales como desregulación afectiva o impulsividad, se ve afectada la zona orbitofrontal, lo cual contribuye a algunos déficits del TLP.

Funciones como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva, abstracción, planificación/organización y enlentecimiento de la información se deben a una afectación de las zonas prefrontales dorsolaterales. Esto se puede ver reflejado a la hora de tener unas estrategias para poder satisfacer las demandas y poner en marcha un plan adecuado, llevar a cabo ajustes necesarios y así poder completar una tarea.

La reducción en las habilidades visuoespaciales están relacionadas con las disfunciones en el lóbulo parietal y la baja velocidad de procesamiento es debida a los daños en la sustancia blanca y en la red neuronal por defecto.

Además la emocionalidad explosiva está asociada a una disfunción témporo límbica. Las alteraciones en la personalidad (neurótica, introvertida y baja consciencia), están relacionadas con otros sistemas cerebrales, como en la amígdala.

En conclusión, podemos decir que el deterioro del funcionamiento cognitivo coincide con las anomalías estructurales y funcionales de los pacientes con TLP, tales como la atención sostenida, procesos de recuperación de la memoria diferida, memoria de trabajo, control de impulsos, flexibilidad cognitiva, abstracción, planificación, organización, velocidad de procesamiento, función visoespacial y reconocimiento de emociones.


Referencias bibliográficas

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Texto escrito por :
Laura Sanz San Emeterio
Neuropsicologa Clínica